A menciñeira Modesta

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Mandounos coller un saqueto de sal en cada man
co puño ben pechado,
andar lixeiros polo carreiro adiante,
soltar a carga a medio camiño
e non mirar atrás.
Eu tiña seis anos e trinta verrugas nas mans
que tardaron sete días en marchar.
A señora Modesta xa non vive,
agora que os irmáns lle atopamos varios nomes
ao paseo que de nenos nos puliu os dedos
en Ferreira do Valadouro.

A bruxa cando quere levar algo por diante
envéxao
botándolle o piropo máis fermoso
para que a veciña entenda ben
que a gabanza desmedida trae un perigo seguro.
Despois a menciñeira vén á casa e bota fume
queimando nunha tella este remedio:
un pouco de romeu,
tres dentes de allo,
flor de lavanda
e loureiro que mirara o mar…
O aire baixo percorre os cuartos todos
coa porta de fóra e as ventás pechadas
para desfacer a desfeita.

Os peores criminais adiantan o que vai pasar
a modiño
cun marmurio meloso no oído,
roubándolle as artes ao amor
na sádica seducción
de quen administra viáticos co aceiro.
E se o doutor chegara a tempo
había cortar co máis afiado dos gumes
porque só pode sanar quen coñece
a forma da morte.

A Soberbia voa polos aires
que se pensan puros.

Unha opinión sobre “A menciñeira Modesta

  1. A petición de mi querida Shamira, versión en castellano:

    Lo poco que dios me dio
    cabe en una mano cerrada
    lo poco con dios es mucho
    lo mucho sin dios es nada

    Piensas que mucho te quiero
    ni es mucho ni es nada
    porque el amor que hoy te tengo
    cabe en una mano cerrada

    (Popular)

    Nos mandó agarrar un saquito de sal en cada mano
    con el puño bien cerrado,
    andar a buen ritmo por el sendero,
    soltar la carga a medio camino
    y no mirar atrás.
    Yo tenía seis años y treinta verrugas en las manos
    que tardaron siete días en irse.
    La señora Modesta ya no vive,
    ahora que los hermanos le encontramos varios nombres
    al paseo que de niños nos pulió los dedos
    en Ferreira do Valadouro.

    La bruja cuando quiere llevarse algo por delante
    lo envidia
    echándole el piropo más hermoso
    para que su vecina entienda bien
    que la adulación desmedida trae un peligro seguro.
    Después la curandera viene a casa y echa humo
    quemando en una teja este remedio:
    un poco de romero,
    tres dientes de ajo,
    flor de lavanda
    y laurel que haya visto el mar…
    El aire bajo recorre todos los cuartos
    con la puerta de la calle y las ventanas cerradas
    para deshacer la escabechina.

    Los peores criminales adelantan lo que va a pasar
    despacito
    con un susurro meloso al oído,
    robándole las artes al amor
    en la sádica seducción
    de quien administra viáticos con el acero.
    Y si el doctor llegase a tiempo
    cortaría con el más punzante de los filos
    porque solo puede sanar quien conoce
    la forma de la muerte.

    La Soberbia vuela por los aires
    que se piensan puros.

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